Ganan los candidatos y pierden los partidos

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Quizás porque llevo más de una década en Málaga, las victorias de Alberto Núñez Feijóo​ y Iñigo Urkullu Renteria me parecen poco sorprendentes. España, cada vez con más frecuencia, está acostumbrándose a poner en valor al candidato en lugar de al partido. Valorar la gestión en lugar de las promesas.

En este sentido, desde que empecé a vivir en la capital de la Costa del Sol, personas de izquierdas y de derechas me decían que votaban a Paco de la Torre y no al Partido Popular. Parece que el candidato y el partido son un binomio inseparable, pero no lo son.

Muchos electores acaban poniendo su voto en la urna por aquel/aquella que sencillamente ha dado la cara en un momento de crisis. A veces, ni siquiera lo ha tenido que hacer realmente bien, pero lo han tenido cerca y han visto como han antepuesto los intereses generales por encima de los personales. Algo harto olvidado desde la política nacional.

Hay que entender la peculiaridad de cada zona y asumir como premisa que lo que sirve en un enclave no va a tener el mismo rendimiento que en el de al lado. Aunque apenas los separan 600 kilómetros.

PP, PSOE y Unidas Podemos, los grandes derrotados

Los medios ha recogido este fenómeno: “Feijóo conquista su cuarta mayoría absoluta, Urkullu se refuerza y Podemos se hunde”, titula el País; “Feijóo pesará más en el PP mientras Iglesias paga sus guiños a Bildu y el BNG” dice el Español; “El sector crítico de Podemos pide a Pablo Iglesias responsabilidades por la “derrota sin paliativos” en las elecciones del 12-Jel Mundo; todos los titulares señalan a los candidatos como victoriosos y apuntan a los partidos como perjudicados. Y no es para menos. Todos, sin paliativos, han salido perjudicados en estas elecciones. Obviamente, aquellos que pueden intentan aparentar una victoria que no han obtenido.

El Partido Popular ha cometido grandes errores en la campaña vasca. Su pacto con Ciudadanos, lo que realmente ha logrado, es salvar a la formación naranja, pero dejar todavía más tocada la presencia de los populares en el País Vasco. Una mala gestión de Pablo Casado que ha sido salvado por la victoria de Feijóo. Pero que nadie se engañe, en Galicia ha ganado Alberto Núñez Feijóo no Pablo Casado.

Unidas Podemos sufre un duro golpe. La formación liderada por el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, pasa de ser la segunda fuerza política en Galicia a desaparecer del arco parlamentario gallego. De igual modo, pierde 5 escaños en el País Vasco. Esto deja a Pablo Iglesias en una posición de debilidad, a la que aún le queda un largo desgaste. Y es que, el paso del tiempo en un Gobierno condenado a subir impuestos y con un paro incontrolable, seguirá pasando factura a la imagen de Unidas Podemos. Han pasado de conquistar “el cielo” a entrar en caída libre al infierno.

El Partido Socialista ha sido uno de los más perjudicados. “Los resultados en Euskadi y Galicia no son buenos pero no son los peores” ha declarado el ministro José Luis Ábalos. Sin embargo, esto no es cierto y a los datos me remito. El Partido Socialista no ha conseguido canalizar los 14 escaños que ha perdido Unidas Podemos en Galicia. Esto demuestra que los ciudadanos buscan alternativas distintas al PSOE. Al mismo tiempo, de los 5 escaños que ha perdido Unidas Podemos en el País Vasco, solo ha conseguido sumar uno más.

 

La importancia de los candidatos

Parece que en la política española todo vale. Sin embargo, los ciudadanos y ciudadanas españoles están cada vez más cansados. Los mensajes radicales, el lenguaje bélico, las acusaciones constantes y la política de trincheras empiezan a pasar factura a los partidos.

Desde hace algunos años se ha impuesto la idea de tener un candidato que quedase bien en televisión, en lugar de fomentar aquel que estuviera realmente cualificado. Un error de base que busca más llegar a los españoles por el marketing que por las propuestas.

Volver a la política sensata, a la transparencia y a la lógica de la gobernanza parecen opciones vitales de cara a los próximos comicios. La política española necesita regenerarse. Al igual que el propio sistema español.

Ahora bien, ¿pueden los líderes políticos actuales ofrecer esa nueva política? En mi opinión: NO. Una nueva política, por definición, requiere de nuevos líderes políticos; algo que no se va a producir.

 

 

Javier Bustos Díaz | Experto en Comunicación Política