Un premio y medio aplauso para aquellos que nos salvaron la vida

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Cada día la “nueva normalidad” se parece más a la vida precaria previa a la pandemia. Casi cabe preguntarse si aquello de “salimos más fuertes” solo hace referencia a los amigos de políticos que han podido encontrar, en esta crisis, un puesto de trabajo de esos de 90.000 euros al mes, cuyo único requisito es ser amigo del presidente del Gobierno. Una pena no conocer a nadie así.

Al resto de los mortales nos queda un largo camino por recorrer. Algunos seguimos haciendo eso que ya hacíamos, pero con menos fe, buscar trabajo. Al mismo tiempo, los que llevamos meses, incluso años, esperando un juicio, una resolución de una plaza o una respuesta administrativa, asumimos que esos tiempos se alargaran de forma indefinida; pues esta nueva normalidad trae consigo todo el retraso de la “vieja normalidad” más lo que sucedió y no se puedo presentar durante el confinamiento, y todo lo que vaya ocurriendo en el día a día.

Pero lo verdaderamente dramático no es la crisis económica, el enchufismo o la crispación de la clase política, que está más interesada en ganar votos que en recuperar a este país; lo realmente triste es ver como los que se han dejado la vida por nosotros, que han perdido compañeros por estar mal protegidos y, en definitiva, nuestros héroes, quedan en un segundo plano en cuanto podemos ir a la playa.

 

Nuestros sanitarios, la primera piedra del mundo post Covid19

Hace casi dos meses escribía “Llegará el día, porque llegará, en el que todo esto pase. Como persona que vive esta crisis, me gustaría que cuando llegue el momento de analizarla, de examinar las medidas que se están tomando; alguien diga “no lo pudieron hacer mejor”, pero la realidad es bien distinta. Sobre todo, cuando la primera medida que tomas es la de precarizar el futuro de aquellos que se dejan la vida en la lucha contra esta pandemia, como nuestros médicos/as interinos residentes de último año”. Pues en esta situación seguimos.

Premio Princesa de Asturias a la Concordia y el olvido administrativo y de la sociedad, que prefiere la crispación política y seguir llenando de odio las redes sociales. Primero se intentó precarizar a los MIR. La primera medida tomada en la pandemia, junto al confinamiento, fue la de precarizar la situación de los residentes de último año de medicina y de enfermería. En ambos casos, se prorrogaba su contrato de forma indefinida.

Al mismo tiempo que batallaban contra el virus, salvan vidas y todo ello sin material suficiente, nuestro personal sanitario sacó tiempo para luchar, solos, por sus derechos. El 14 de abril, un mes después, se podía leer el Gobierno y las CCAA rectifican y evaluarán a los MIR en mayo. En este sentido, el Ministerio de Sanidad y las Comunidades evaluarán a los Médicos Internos Residentes (MIR) en mayo. Así se acordó en una reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.

 

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La nueva normalidad nos deja más precariedad

El portal especializado, Redacción Médica, publica que “Los Médicos Internos Residentes (MIR) de la Comunidad de Madrid, que son unos 5.000 en total, han decidido convocar una huelga indefinida el próximo día 13 de julio en protesta por lo que consideran unas condiciones de trabajo “insalubles”. Además, tras tres años preparando un convenio, aseguran que no han recibido respuesta por parte de la Consejería de Sanidad y se sienten “abandonados”. Si no reciben contestación antes del 2 de julio irán a huelga”.

Además, el nuevo sistema de elección de plaza ha tenido una acogida muy negativa “A diferencia de los últimos años, los aspirantes a especialista elegirán su plaza de manera telemática y con una lista que solo podrán modificar en un periodo de tiempo determinado”, explican desde el Confidencial.

Y la puntilla la encontramos en las nóminas. Así, en lugar de premiarse su esfuerzo, los recortes del 5% que se acometieron durante la crisis económica siguen vigente y, al parecer, lejos de ser resueltos.

Un dato, un residente de medicina de último año gana de media en España unos 16.800 euros brutos de salario base. Obviamente, a esto habría que sumarle guardias y otros complementos. Del mismo modo, y según datos aportados también por Redacción Médica, “el salario bruto medio de los médicos españoles es de 53.000 al año”.

 

¿Y cómo se les ha reconocido el esfuerzo?

Pues sin subida salarial, sin recuperación del 5% y sin suficiente protección para ejercer tu profesión, que es la de salvar vidas. Mientras que Ignacio Carnicero, por ser amigo de Pedro Sánchez, cobra 90.000 euros en un puesto creado a medida y que podrían ocupar otras 400 personas tan cualificadas como él.

La primera piedra del mundo post Covid-19 ha sido volver a la corrupción de siempre, al enchufismo y las designaciones a dedo. Con un Premio Princesa de Asturias y medio aplauso nuestros sanitarios nos volverán a salvar la vida, aunque ellos sigan tan mal como siempre.

Esto es España. Una pena que el amigo de Pedro Sánchez no sea médico, entonces todo estaría arreglado.

 

Puedes escuchar un análisis completo sobre este tema en mi podcast Crónica Política

 

Javier Bustos Díaz | Experto en Comunicación Política